martes, 19 de enero de 2010

SALSEROS ¿NACEN O SE HACEN?


Salseros ¿Nacen o se hacen?
Escrito por Juan Pachanga

Esos rumberos de corazón, de espíritu alegre y fiestero que sabían diluir sus penas al compás de la clave son los que me vienen a la cabeza cuando alguien me dice ¡Soy salsero! ¡Soy rumbero! o lo lleva escrito en una camiseta.
Cuando yo era un carajito la salsa estaba en todo su apogeo. Sabía que era sábado porque mi papá siempre me levantaba con el Picó (la última tecnología en el manejo de discos de vinilo) más alto de lo normal con voces que en los setenta ya sonaban a ayer: Tito Rodríguez, La Sonora Matancera, Benny Moré y todos esos artistas que precedieron al movimiento que un día, por razones comerciales, se denominaría salsero.

Un pelín más crecidito ya bailaba las canciones de la Fania All Stars y oía a los adultos discutir si Papo Lucca era mejor pianista que Larry Harlow, y los veía con sus melenas a lo “Jackson Five” y sus pantalones acampanados bailar las salsas de moda. Más adolescente ya pude ser consciente de que en la alta sociedad era de muy mal ver eso de escuchar salsa porque las clases pudientes la consideraban música de tierrúos (arrabaleros), niches (negros) y de gente barriobajera y paupérrima. Los ‘pijos’ de ese entonces afirmaban que Ismael Rivera y Héctor Lavoe cantaban con acento de malandros (maleantes) de ex presidiarios. Pero esos acentos, esos dejes y esas expresiones no eran más que el reflejo de la voz del pueblo. De su forma y de su fondo.

Las canciones hablaban de la vida en el barrio, de las fiestas, de crímenes y robos, de esperanza, de crítica política, de razas, de amores y desengaños, de pérdidas, celebraciones o gozadera. En muchos países del Caribe era común ver en las esquinas gente con radiocasetes o con los carros (coches) con las puertas abiertas de par en par y la música a todo volumen, acompañándose de maracas, cencerros, claves o un bongó que bien podía ser latas de leche o cubos de basura boca abajo.

En todo ese entorno destacaban los que se consideraban rumberos, salseros empedernidos. Escuchaban la música casi 24 horas si el trabajo se los permitía, bailaban cada fin de semana, en casa, eso sí, porque era más barato o en el bar de la esquina, cervecita o ron en mano. Eran coquetones vistiendo y conocían la vida y obra de cada músico, cada instrumentista, cada cantautor y cada orquesta fuese del país que fuera. Bailaban sin tomar clases como lo habían visto hacer a sus padres y abuelos. Esos rumberos de corazón, de espíritu alegre y fiestero que sabían diluir sus penas al compás de la clave son los que me vienen a la cabeza cuando alguien me dice ¡Soy salsero! ¡Soy rumbero! o lo llevan escrito en una camiseta.

No quiero decir que los nuevos salseros no sientan la música o no sientan atracción por el Caribe y su cultura o el movimiento latino que se impuso en Nueva York, pero no me equivocaría si aseguro que la mayoría no saben de dónde viene la salsa, lo que significa para toda una generación y si alguna vez les ha interesado saber quién canta esa canción que tanto les gusta, o cuántas décadas de existencia tienen los temas que coreografían los bailarines de fama mundial. Me cuesta entender que en los que se autodenominan salseros todo gire en torno al baile, al estilo de moda o critiquen a quien según su criterio no sabe bailar.

Tampoco entiendo de competencia ni de prepotencia. Mucho menos de inexpresividad, guetos, envidias ni mezquindades. Yo sólo entiendo de lo que una vez cantó mi compadre Rubencito y creo que con eso está todo dicho:

...Para ser rumbero tú tienes que haber llorado,
para ser rumbero tú tienes que haber reído,
tú tienes que haber soñado, haber vivido
Para ser rumbero tienes que sentir por dentro
emociones dulces que agiten tus sentimientos.
Si no naciste con clave, entonces no eres rumbero.
Podrás cantar con sentido, podrás tener buena voz,
Pero ser rumbero nunca si te falta corazón…"

Rubén Blades
“Para ser rumbero”

2 comentarios:

  1. Quisiera añadir que ya el concepto de salsa ha cambiado más hacia un componente de integrantes solistas o en grupo, que representen el sex appeal de la comercialización, para poder vender. Hay varios grupos sonando por ahí a los cuales todavía no conozco bien, pero realmente la esencia de ser rumbero o ser salsero tiene que ver con la esencia de lo que soy como ser humano. Por último muy interesante el articulo.

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  2. Mi amigo auqnue en cierto modo tienes razo en tus planteamientos sobre la comercializacion y la musica es un producto que al final hay que vender, la verdad es quee hay ciertos grupos o solista que estan haciendo lo suyo por ejemplo. Sammy Garcia y el sabor de PR, La orq.La Grande, en NY Ray viera y su Trombao y asi muchos otros mas.. q auqnue no tienen le sex appeal tienen mucha esencia y lo demuestran en su rumba.

    Gracias por el comentario

    Jalil

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