
Oír y Escuchar la Salsa
por Enrique Romero
Uno de los peores anatemas que le han caído encima a la salsa sostiene que esta música es sólo para bailar y que las líricas del género son secundarias o insubstanciales. Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere escuchar, pero éste es un caso perdido para la rumba y, me temo, que para las excelencias de la vida en general. Por tanto, no lo tendremos en cuenta en esta entrega. ¡Y dice!
Por su parte, la fase psicológica de la escucha podemos decir que es la fase conciente, voluntaria e interpretativa de lo que se oye. Escuchar requiere algo más que oír, y ahí son veinte pesos más, pues entra en juego tu sensibilidad, tu información, tu cultura, tus intereses, tus gustos, tus expectativas y, por supuesto, tus traumas, prejuicios y carencias. Tranquilos que está todo previsto, como previsto está que la salsa, como casi todas las músicas populares bailables con letra, tiene en su repertorio composiciones deleznables, pero esta es la excepción que confirma la regla, ya tu sabes.
¡Claro que la salsa es una música para bailar! Es uno de los géneros más ricos, excitantes y complejos en su aspecto danzario, pero en su sonoridad se ofrenda simultáneamente una lírica que roza lo poético, lo trágico y lo humorístico en todos sus temas. Y cuando el bailador, además de oír, escucha, es cuando se completa el goce salsero. Aquí es cuando podemos hablar de sabor y sentimiento, dos categorías inexorables de la salsa y quien no se involucra en ellas está perdiendo lo más importante del género o, mejor dicho, está perdiendo su tiempo.
Ahora bien, el problema de escuchar la salsa es que tiene efectos vitales irreversibles, transforma, en primer lugar, tu forma de bailar, y después tu forma de hablar, de amar, de viajar, de trabajar (sabemos de un funcionario del Gran Teatre del Liceu que está enganchado todo el día, en su jornada laboral, a un MP3 con cerca de 5.000 temas salseros, y los escucha ¡por una sola oreja!), y no se diga de la pasta que te tienes que gastar en discos. Por tanto, si no quieres que tu vida cotidiana se altere, no escuches la salsa, limítate a oírla para bailar y no te compliques la existencia. Para los que se la quieran complicar, vamos a reforzar lo dicho hasta aquí con un trocito de letra y, de paso, hacemos un concurso con premio. Dice:
El sol extraño, bajo otro cielo
Bajo otro cielo que no era el mío.
Yo sentí miedo, yo sentí miedo, yo sentí miedo.
La candela conspirando contra el fuego
Quiso acabar con mi vida
Con mi vida de rumbero.
Y no pudieron, ¡y no pudieron!
Candela tu no pudiste
Acabar con mi sabor.
Tus llamas nunca quemaron,
Sólo avivaron mi inspiración.
Todo el mundo está enterado
Que conmigo no hay quien pueda
Pasé por debajo del fuego
Y me le fugue a la candela (bis)
Coro:
Me le fugué a la candela
Conmigo no hay quien pueda.
extraído de 100x100salsa.com
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